¿Cuantas veces hemos escuchado esa expresión? Sabemos al menos por que decimos que existen las “mamás solas”. Yo conozco a esas mujeres, las hay en mi familia, en las tías, las abuelas y amigas. Ninguna mujer se vuelve madre sola. Sin embargo siempre recae la responsabilidad en ellas, y sobre ellas también cae el juicio.

 

Que si era de una u otra manera, que si se quedo “sola” porque no eligió bien al novio o marido, que si le gustaba vivir desenfrenada. En fin, escuchas tantos y tantos juicios que al final a las personas les parece correcto referirse sin un gramo de respeto a la vida de una mujer que por decisión propia o por millones de razones quedó a cargo de la vida de ese pequeño ser que la va a revolucionar en un dos por tres.

 

Creo que es injusto. Ahora  entiendo porque es necesario respetar, respetarnos entre nosotras mismas como mujeres y compartir ese sentimiento pensado con los otros. Es necesario guardar esas palabras, analizarlas y pensar antes de decirlas. No tenemos derecho a señalar, no sabemos por que circunstancias este pasando esa mujer, esa amiga, esa hermana.

 

No podemos imaginar todos los obstáculos y las montañas que ha de mover día a día, porque ser una mamá “sola” si es algo que notan los demás y hasta lo resaltan, porque se señala como que hay algo que le hace falta, como si la pareja al lado le diera más valor, ¿Será eso una realidad?

 

Tampoco sabes si en algún momento te volverás parte de esa tribu de mujeres que hacen un esfuerzo sobre humano para balancear la vida de un bebé, de dos y hasta más. Admiro a esas mujeres que son capaces de arropar el alma de sus hijos, de esos seres humanos que saben que le hace falta aprender de una parte de su origen que no esta en casa.

 

Respeto es una palabra, es difícil de explicar, pero fácil de sentir. La próxima vez que escuches a alguien decir algo sobre una mamá “sola”, simplemente sonríe y regala esa libertad a tu mente de no poner etiquetas. Y si tu amiga que me lees eres una de esas mujeres que llaman “solas” también sonríe.

 

Sin duda muchas madres, colegas les diría yo,  se preguntarán incluso con cierta envidia como logras mantenerte en pie cada mañana, como logras salir al trabajo venciendo mil miedos y regresas a casa con las manos llenas para abrazar y cobijar al autor o autora de tus sueños más lúcidos.

 

Ojalá que también se cuestione la conducta del otro, del que no se nota o no hacen notar los demás, del que se fue sin pensar en las consecuencias de sus actos, al que seguramente le arraso el miedo, al que también tuvo huecos que no supo resarcir. Ambas historias se convergen y se atraen, aunque no esté presente, también esta en los ojos de esos hijos, en esas formas de andar y sus arrebatos. ¿Qué pasa con el papá que abandona? ¿Cómo es la paternidad de nuestro tiempo? 

 

Solas no estamos. Solas cuando nos olvidamos de nosotras mismas. Cuando una mujer se planta y sigue jamás esta sola, se queda con ella y de ahí nadie la para.

 

¿SABÍAS QUÉ EN MÉXICO HAY 5.3 MILLONES DE MADRES QUE SON MADRES SOLTERAS? 

Gracias por leernos,

¿Tu que piensas?

 

 

 

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