Se despierta en la madrugada para darle el biberón a su pequeña hija. Horas más tarde, unas pocas horas solamente despierta para prepararse y salir temprano al trabajo.

 

Cuando puede trabaja desde casa, combina cuidar a los niños, darles desayuno, comida, poner la lavadora… En fin, las rutinas del día a día en una casa con niños llenos de vida.

 

Es un hombre cariñoso, juega con sus hijos, corre con ellos, hace algunas voces para dar color a los cochecitos o al juguete favorito del día. No escatima en abrazos, en palabras que arropen el corazón de esos pequeñitos que como torbellinos hacen los días curiosos y llenos de manitas pegajosas, pijamas y besos de buenas noches.

 

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Al paso del tiempo, lo observo con mayor conciencia. Me doy cuenta del bello ser humano que es, de la nobleza que demuestra cuando tengo poca fuerza y necesito descansar, cuando enfermo, con paciencia me espera para tomar vuelo de nuevo.

 

¿Has notado como se transforma cuando abraza a sus hijos?, cuando observa como han crecido, las nuevas palabras, cuando le llaman papá llegando por la noche a casa.

 

Al compañero, el amigo, esposo que VIVE en casa, que se involucra y cree en cada cosa que vamos construyendo, le doy las gracias. Sé que no es sencillo, pero se esfuerza día a día para que así lo parezca y eso no tiene precio, créanme

 

Al papá que VIVE en casa, que tiene su corazón aquí conmigo y con ellos, le doy las gracias este día y todos los días. De mi compañero de vida, que se convirtió en padre de dos hermosos niños, he aprendido en la práctica algo tan valioso que necesito compartirlo este día:“Con amor y paciencia, nada es imposible”.

 

!Feliz día, eres Papá!

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